Acción

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Entrevista a Arianne Benedetti. Directora General de la Dirección General de la Industria del Cine de Panamá.

La producción propia en Panamá pasará de ser de una película al año en los últimos años, a ocho en 2014.

Si Panamá invierte en su cine, esa inversión se reparte dentro del propio país, en transporte, localizaciones, ropa, alimentación, etc.

 

Arianne Benedetti
Directora General de la Dirección General
Industria del Cine de Panamá

 

En un país como Panamá, abierto a las nuevas industrias que aportan rentabilidad a la economía, los cineastas nos hemos dado cuenta de la importancia de enfocar el cine como un arte basado principalmente en un modelo creciente y pujante, que puede traer al país beneficios en varias áreas, como el turismo y la visibilización internacional.

La industria cinematográfica panameña había carecido siempre de un tejido de productores y realizadores sólido, que quisiera hacer cine dentro de nuestras fronteras, posiblemente por la falta de apoyo gubernamental. Un apoyo que ahora sí se ve refrendado con la ley de incentivos, que, además, promueve la producción extranjera en Panamá, que pasó de dejar entre 2 y 3 millones de dólares al año, a los 23 que se esperan en 2013.

En ese sentido, convertir al país en un set de rodaje donde los productores extranjeros encuentren sus localizaciones traería consigo una gran inversión. Panamá puede ser ese set, tanto por su variedad de paisajes, que pasan de una jungla a una playa paradisiaca o una importante metrópoli, en un reducido enclave geográfico que favorece los desplazamientos, como por la seguridad de contar con el dólar como moneda principal y ser uno de los países más fiables de Latinoamérica o, sobre todo, por su conectividad aérea. Además, si bien es cierto que otros países, como Colombia, tienen mayores incentivos para los productores extranjeros, no es menos cierto que Panamá es más barato.

Por otro lado, no podemos obviar que en Panamá existe una falta de profesionales cualificados que puedan ponerse al frente de la industria cinematográfica del país, lo que se debe, principalmente, a que hemos crecido muy por encima de nuestras expectativas, a lo que hay que añadir que no contamos con una masa poblacional tan importante como otros países. Sin embargo, la llegada de producciones extranjeras está propiciando que nos empapemos de su forma de trabajar, que aprendamos de ellos y que ese conocimiento lo apliquemos a la hora de realizar nuestras propias películas.

En la misma línea, desde dentro de nuestras fronteras también estamos trabajando para crear una infraestructura cinematográfica sólida y suficiente, con las becas del Instituto para la Formación y el Aprovechamiento de Recursos Humanos,

cursos enfocados a la producción de peso, como la de electricistas y tramoyistas, del Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo o talleres y actividades, con la participación de expertos extranjeros, como los de la institución panameña CIMA.

Por todo ello, tampoco podemos negar que la industria cinematográfica panameña está creciendo y, aunque pueda suponer un gasto, debemos seguir en esa línea, porque, además de favorecer al turismo y que el país sea conocido fuera de nuestras fronteras, si Panamá invierte en su cine, esa inversión se reparte dentro del propio país, en transporte, localizaciones, ropa, alimentación, etc.

Otro de los indicadores de este crecimiento son las compañías extranjeras que se están asentando en el país. Por ejemplo, hace unos años, en Panamá no contábamos con los suficientes equipos de rodaje, pero ahora ya se han instalado aquí FD, la empresa de equipos más importante de México, y Congo Films, la de Colombia. Esto ha hecho que los productores de ‘Manos de Piedra’, un film realizado íntegramente en Panamá, no necesitasen traer equipos del extranjero.

Así las cosas, y gracias también a la nueva ley que ha definido una cuota de pantalla para las películas panameñas del 10% a todos los exhibidores, ya sean cines o televisiones, debemos seguir trabajando conjuntamente para solucionar uno de los grandes problemas del cine, no solo en Panamá, sino en el resto de países de Latinoamérica, la distribución, para hacer que nuestras películas viajen por el mundo.

Por suerte, contamos con dos importantes instituciones que defienden los intereses del país en los foros y eventos de cine mundiales. Por un lado, la Comisión de Cine de Panamá, que se encarga de asistir a los festivales internacionales para mostrar a los productores que este es un país en el que invertir y, por el otro, la Dirección General de la Industria del Cine de Panamá, que representa al país ante las autoridades iberoamericanas y se preocupa por impulsar y proteger la industria y la cinematografía panameña.

No obstante, y pese a los puntos en los que podemos y debemos mejorar, tenemos que estar contentos, porque la producción propia en Panamá pasará de ser de una película al año en los últimos años, a ocho en 2014.

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