Biodiversidad

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Hernán Araúz. Cofundador y Guía Senior de Ancon Expeditions.

La remarcable biodiversidad del hábitat natural de Panamá se debe a su condición de puente y punto de contacto que ha caracterizado tanto a la historia natural del istmo como a la humana.

 

Al empezar a escribir este testimonio pienso en lo especial que resulta poder expresar por qué Panamá es una joya y las razones por las que debe venir a conocerlo. Hay algo muy especial sobre esta tierra que hace que un guía como yo sienta la misma pasión que cuando empecé a llevar visitantes a las selvas de este país hace 23 años. Desde entonces ha sido un placer dirigir a innumerables visitantes por caminos de montaña, selvas, arrecifes de coral y a los siete sitios de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Entrar en una selva tropical es un privilegio y una maravillosa oportunidad para poner a prueba su habilidad para asimilar el medio que le rodea. Todos los sentidos empiezan instantáneamente a ver la más impresionante variedad de verdes, rojos y amarillos, que se presentan en sinfín de hojas y flores de todas las formas y tamaños imaginables. El oído se deleita e hipnotiza con los sonidos de miles de especies, puede ser el poderoso gruñido de una tropa de monos aulladores, o la seductora llamada de los wren de vientre negro, rodeada de los coros de muchas, muchísimas felices ranas, especialmente cuando va a caer una tormenta, y el olor a tierra mojada llena sus pulmones justo antes de que cataratas de agua caigan de los remolinos de nubes que cubren la selva.

La sensación de adentrarse en los parajes del trópico se experimenta a corta distancia de los lobbies de los mejores hoteles de América. La accesibilidad a las atracciones naturales de Panamá es simplemente increíble. Dada la necesidad de proteger grandes extensiones de selva tropical que son vitales para operar el Canal de Panamá, este ecosistema único está pegado a la ciudad, incluso a veces dentro de sus límites territoriales.

Tropas salvajes de la especie en peligro de extinción, el mono Tamarin, interactúan con manadas de tucanes y loros a una distancia de 5-10 minutos en coche del centro financiero de la ciudad de Panamá, que acoge a más de 90 bancos internacionales, a 5 minutos de los mejores centros comerciales de Centroamérica, a 5 minutos de la línea de metro, que estará muy pronto disponible y al hub de transporte y comunicaciones más importante de Centroamérica así como de una de las economías más fuertes del continente.

La impresionante biodiversidad de los habitantes naturales de Panamá se debe a su condición de puente y punto de contacto que ha caracterizado tanto la historia natural como la historia social del istmo. Más de 140 especies de aves del norte utilizan nuestro espacio aéreo para su migración anual a y desde el trópico, al igual que ocurre con los aviones comerciales que utilizan el istmo como hub de transporte intercontinental.

Como en el mundo natural, los grupos indígenas pre-colombinos y todavía existentes reflejan la proximidad de las dos masas continentales del norte y centro américa con América del Sur. Algunos de estos orgullosos indígenas panameños muestran las características culturales y genéticas que les unen a las tribus del norte y del sur.

El talento artesanal innato de sus artesanos se refleja en la popularidad de sus molas, las tallas Cocobolo, las cestas Wounaan o los coloridos vestidos de las mujeres Gnabe.

Solo empezamos a enumerar las bellezas de la tierra que nos olvidamos de mencionar nuestros dos océanos y sus más de 1.500 islas, situadas en los archipiélagos más escénicos del Pacífico y el Atlántico donde el agua es el protagonista.

Recuerdo haber hecho snorkel en las aguas cristalinas de los manglares de la región occidental caribeña de Panamá, en la región de Bocas del Toro, subir a la superficie y poner la línea del agua en medio de la máscara. Mirar arriba para ver bandadas de loros rojos aterrizar en la selva colindante a la playa de arena blanca, mientras que mirar hacia abajo era tropezar con nubes de mariposas de cuatro ojos cazadas por peces hambrientos sobre el mismo arrecife de coral.

Nunca olvidaré sumergirme a 45 pies de profundidad en el arrecife Salmedina, que bordea la fortificación de Portobello, y encontrar una aguda protuberancia  sobre la cabeza del coral. Tras un examen en profundidad descubrí la cabeza de bronce de una lombardina, un pequeño cañón del siglo XVII comprendí que tras 400 años de historia los vestigios de piratas y conquistadores están presentes a nuestro alrededor, y no muy lejos, el ataúd de Francis Drake reposa en un lugar de vital importancia histórica para el istmo.

Panamá es muy especial. La semana pasada, cuando llevaba un tour a visitar la expansión del Canal  me maravillaba observando a una pequeña tropa de monos aulladores juguetea con las ramas de los gigantescos árboles que bordean el enorme agujero Atlántico del canal de Panamá. Tres edificios como el Empire State podrían yacer dentro de ellas, donde se están construyendo mayores estructuras de hormigón del mundo: las esclusas del lado una encima de la otra. Eso, sin embargo, no parece impresionar a los HOWLERS, que cuando sienten llegar la lluvia empiezan su RAUCOUS CALLS ante la fascinación de todos los presentes.

Presenciamos el perfecto balance entre conservación de nuestros recursos naturales y el funcionamiento y la expansión de una de las mayores operaciones comerciales, ambos garantizando la existencia del otro y su éxito. Esto es lo que está ocurriendo en Panamá.

Estos son algunos de los tantos recuerdos que han enriquecido mi vida y me han hecho darme cuenta del privilegio que ha sido, y será siempre, ser guía de naturaleza en esta pequeña nación donde la naturaleza desborda y se expresa de maneras tan diversas y maravillosas.

 

 

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