Una nueva industria

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Entrevista con José Luis Ford. Presidente de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura.

Para mantener el nivel de crecimiento de la última década, es importante que seamos conscientes de los sectores en los que debemos invertir y las actividades que tenemos que estimular.

Se requiere potenciar nuevas actividades económicas que impulsen el crecimiento, en detrimento de aquellas que pierden dinamismo. Así, la inversión a estas nuevas industrias debe estar focalizada al sector de la minería, el turismo y el energético.

 

Panamá ha protagonizado un espectacular crecimiento económico durante los últimos años, fruto de un esfuerzo mancomunado entre las administraciones gubernamentales y el sector privado, que engloba a empresas y colaboradores, que, con una visión a medio y largo plazo, han tomado las decisiones adecuadas para forjar el futuro del país sobre unos cimientos sólidos.

Algunas de estas decisiones han sido, por ejemplo, el acuerdo para la ampliación del Canal y la aprobación de reformas económicas fiscales o de seguridad social. No obstante, la economía panameña, como sucede con todas, no escapa a los impactos externos, que han provocado que este año 2013 se haya iniciado un proceso de desaceleración en nuestro crecimiento.

Sin embargo, a pesar de esta desaceleración y aunque se han dejado atrás las tasas de dos dígitos como en los tres años anteriores, la economía de Panamá cuenta con un crecimiento cercano al 8%. Por eso, para mantener el nivel de la última década, es importante que seamos conscientes de los sectores en los que debemos invertir y las actividades que tenemos que estimular.

Por un lado, la educación debe ser la gran apuesta de Panamá, para lograr los recursos humanos que requiere el sector productivo y para mejorar las condiciones de vida de los menos favorecidos, con una modernización y actualización constante de la misma. Por el otro, se requiere potenciar nuevas actividades económicas que impulsen el crecimiento, en detrimento de aquellas que pierden dinamismo. Así, la inversión a estas nuevas industrias debe estar focalizada al sector de la minería, el turismo y el energético.

En cuanto al sector industrial, es cierto que ha pasado de representar el 6% del Producto Interior Bruto panameño en 2008 a solo el 4,9% en 2012, pero esto se ha debido a que otras actividades económicas de gran relevancia han adquirido un mayor protagonismo en el mercado y, además, el programa de mayor apertura comercial ha reducido el parque industrial en beneficio, principalmente, de la fabricación de alimentos, bebidas y materiales de construcción.

De todas formas, la reducción del peso de la industria en la economía no es un proceso irreversible, sobre todo, si tenemos en cuenta las inversiones en una nueva industria, más liviana, y aprovechamos los acuerdos comerciales con otros países, entre los que destaca el tratado de libre comercio firmado con Estados Unidos, nuestro principal socio comercial. Este acuerdo da seguridad jurídica a más de 6.000 millones de dólares de inversión privada estadounidense en Panamá, así como a las nuevas apuestas empresariales en el país, y, además, les asegura el acceso a nuestra oferta exportable actual, mientras potencia la futura.

También desde dentro se están llevando a cabo medidas que potencian nuestra industria, como la Ley de Fomento Industrial, que apoya nuevas inversiones en infraestructuras, en certificación industrial y en contratación de personal nuevo de planta, con certificados que cubren hasta el 25% del coste y que son útiles para pagar impuestos.

Cambiando de sector, no podemos olvidarnos de la construcción, uno de los principales motores de la economía panameña, que supone un reflejo del estado del resto de sectores de un país. Es decir, si la actividad económica crece de manera notable y las perspectivas de futuro son positivas, paralelamente se llevarán a cabo proyectos dentro del sector de la construcción que atiendan tanto las demandas de los consumidores como las del resto de ámbitos productivos. Esto hace que ante una desaceleración de la economía, el sector se adapte a las nuevas perspectivas y a la demanda existente, como ocurre también en periodos de gran crecimiento.

Por otro lado, el país necesita desarrollar una base productiva de bienes de alto valor agregado dentro del sector agropecuario, que va unida a unos precios más altos, como ocurre con la exportación de café gourmet, de mayor calidad que el que se encontraba hasta su aparición en el mercado internacional.

No obstante, no podemos olvidar otros temas de debate que, como hemos reseñado en nuestra ‘Agenda País 2014-2019’, desde la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura consideramos fundamentales, ya que permitirán el desarrollo y el fortalecimiento del país, más allá, pero también desde las relaciones comerciales, como son la Educación, la Seguridad Ciudadanas, la Institucionalidad, la Canasta básica y Agricultura y la Competitividad y Desarrollo Sostenible.

Con todo ello, Panamá será capaz de mantener su avance frente al proceso de desaceleración actual, a través de investigar y potenciar nuevos sectores, que abren las puertas a oportunidades de crecimiento aún sin explotar en su plenitud, como el turismo, la minería o el sector energético, mientras lleva a cabo medidas que refloten la industria y le den una mayor competitividad, a la vez que continúa siendo el centro logístico que es.

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