Los negocios, la verdadera “Marca País” de Panamá

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Llorente & Cuenca

Javier Rosado. Socio y Director General de Llorente & Cuenca.

Las palabras hub y Panamá se han hecho sinónimas en los últimos años. La envidiable situación geoestratégica le ha permitido a la República convertirse, de facto, en el “ombligo” de la región. Más allá de los tópicos como la dolarización del sistema financiero o la estabilidad política, la orientación a la generación de negocios de los últimos Gobiernos ha permitido consolidar iniciativas como la facilitación de instalación de empresas multinacionales –con la Ley 41- o la atracción de diferentes tipos concretos de industrias dentro de las Áreas Económicas Especiales.

Sin embargo, todavía hay espacio para crecer. Algo insólito para un país de algo más de tres millones de habitantes y con unos crecimientos por encima de los dos dígitos en los últimos dos años, que marcan una pauta difícil de seguir para otros países, de ésta o de cualquier otra región.

La aspiración logística de Panamá está cerca de conseguirse. La ansiada ampliación del Canal y el desarrollo de los puertos tanto del Atlántico como del Pacífico junto a la mejora de la red vial van a ser dos argumentos de peso para ello. Lo mismo ocurre con la consolidación de una aerolínea como COPA que, más allá de ser una compañía de bandera panameña, se ha convertido en todo un referente del sector a nivel internacional y que ha permitido unir el continente de punta a punta.

Entonces, ¿qué otras posibilidades se abren para el país? La respuesta fácil es: Muchas. Sin embargo, ¿cuáles son las que mayor valor agregado pueden suponer? Por una parte, el desarrollo del mercado de Valores, que sería el complemento perfecto para el actual sistema bancario. A falta de una decidida apuesta institucional para ese desarrollo como ha ocurrido en países como España –con la privatización de Telefónica- o Colombia –con la privatización y democratización del capital de Ecopetrol-, existe una aspiración para que Panamá se consolide como el lugar óptimo para que las grandes empresas puedan realizar sus emisiones en una bolsa que, más que panameña, tiene vocación regional.

La consecución del Grado de Inversión ya es una primera medida que debería dar tranquilidad a esas empresas. Compañías, cuyos centros de decisión, cada vez más –casi un centenar- ya están establecidos en Panamá.

El otro gran reto puede ser ayudar a Panamá a convertirse en un hub de conocimiento. Es el complemento perfecto para el desarrollo del resto de sectores productivos, desde el agro hasta el financiero, pasando por el logístico o turístico. En la economía del siglo XXI el conocimiento es la base del crecimiento. Tener una “Ciudad del Saber” es un síntoma de la preocupación existente en este ámbito y que las cinco principales redes de fibra óptica que unen el continente americano pasen por el Istmo no debe ser una mera casualidad.

Lograr el desarrollo del hub del conocimiento puede parecer, sin duda alguna, algo menos tangible en el corto plazo y que depende del desarrollo del talento y, a su vez, de la educación. Sólo con la adecuada capacidad de profesionales formados en las áreas que el mercado laboral local puede demandar, Panamá se convertirá en un país con capacidad de atracción para empresas del ámbito del conocimiento con profesionales relevantes en sus diferentes áreas. La fusión de ese talento local con el mejor talento foráneo permitirían facilitar el intercambio de conocimiento haciendo de Panamá lo que está en su ADN, un punto de encuentro. Pero esta posibilidad, tiene a su vez, otras derivadas mucho más profundas. Ese desarrollo del conocimiento provocará ciudadanos más cualificados y, por tanto, una posibilidad certera de seguir reduciendo la brecha entre ricos y pobres.

Es el momento, pues, de enfocar los esfuerzos de planificación, como mínimo, a 30 años vista, para saber qué queremos ser y trazar los planes para poderlo llevar a cabo y hacer que Panamá sea sinónimo de “Negocios” pero también de “Desarrollo y Equidad”. Los mimbres ya están puestos.

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